No temas arriesgar.

En mayo de 1999 recibí una carta. Era de un profesor que tuve el último año de carrera.

Hace unos meses y ya en el año 2023 esa carta ha aparecido. Nunca pensé que la compartiría pero creo que no sólo es preciosa sino que puede ayudaros mucho a todos. Conmigo resultó y ahora de nuevo vuelve a ayudarme. Siempre en el momento preciso.

Durante estas semanas la he enviado a muchos de mis seguidores a cambio de un ko-fi, pero la verdad es que se me montó un atasco de mails difícil de gestionar. La he pasado a limpio y aquí la tenéis a disposición de quien la necesite.

En el momento que creas que ya no puedes más, no abandones porque justamente en ese instante, es cuando cambiará tu suerte.

24 de mayo de 1999.

Para ti.

Dentro de unos días, habrán terminado los exámenes. Aunque tengas algún crédito pendiente, puede decirse que, en cierto sentido, la primera gran carrera de tu vida, la carrera del estudiante, habrá terminado.

No sé si recuerdas tu primer día de colegio. En aquél momento no imaginabas que ibas a dedicar aproximadamente 18 años de tu vida a ir a un centro de estudios en el que te someterían a un sinfín de exámenes (más de 1.000).

Cuando terminé la carrera, sentí una mezcla de euforia contenida, libertad, vacío, placer y cansancio difíciles de explicar. Quería celebrarlo y no sabía cómo. Ya no tendría que volver a un aula para que un profesor me examinase. Una vez que ha transcurrido el verano, descubres realmente que algo importante ha sucedido en tu vida. No tienes que matricularte, ni ir a clase.

Entonces surgen nuevas sensaciones.

Piensas que debes hacer algo, moverte. Te sobra mucho tiempo. Y tus amigos, ¿Dónde están? ¿Qué harán? Poco a poco, sientes que terminar la carrera supone perder progresivamente la relación con tus compañeros, tal como ya te sucedió en el colegio. Es posible que, en ese momento, sientas vértigo y ansiedad.

Ansiedad, porque deseas trabajar cuanto antes, para ganar dinero, para depender de ti misma, para verificar que ha servido de algo aquello que estudiaste.

Vértigo, porque, al igual que cuando comenzaste a estudiar con cuatro años, te encuentras al principio del túnel.

La diferencia está en que, cuando eras pequeña, no eras consciente de la longitud de ese túnel mientras que ahora sabes que el túnel es tu vida. Sabes cómo empezó, pero desconoces cómo debe continuar y cómo terminará. Y lo más angustioso es que puedes dudar de tu capacidad para afrontar tu propia vida.

Leí en un libro que, cuando miras al futuro, brilla tanto que deslumbra tus ojos. Cuando eso te suceda, recuerda lo que dije al principio en clase: Cuida tu autoestima. Es la que permite que te levantes cuando tropiezas.

Me he fijado en ti y en tus compañeros a lo largo de todo el curso y tengo la convicción de que estás preparada para acariciar el cielo, aunque sientas inseguridad. La inseguridad es uno de tus mejores tesoros, pues al ignorar tus limites, estimulas tu creatividad para salir adelante, mantienes viva la ilusión de soñar con lo que podría suceder y redescubres tu valia cada vez que alcanzas una nueva meta. Cuando terminaste el curso hace un año, dejaste pasar el verano y regresaste a la universidad con tus amigos.

Cuando termines dentro de unos días, dejarás pasar el verano, pero no regresarás a la universidad. Así que, cuando recojas tus cosas, asegúrate de no olvidar lo más importante que has encontrado en esta universidad: tus amigos, las personas que se han preocupado por ti. Pídeles su nombre, su dirección, su teléfono.

No les pierdas nunca de vista porque ellos serán quienes te ayuden a superar este nuevo capítulo de tu vida, compartiendo tus inquietudes, tus temores, tus sueños, tu momentos de soledad.

Y dentro de unos años, cuando mires atrás, descubrirás que la vida merece la pena cuando tienes alguien a tu lado, alguien en quien apoyarte si caes, alguien a quien levantar, si es él quien ha caído. Me preguntabas al comenzar el curso: “¿Crees que estoy preparada?”.

Estás más que preparada. Lo sé porque he visto cómo piensas y cómo eres. A tu edad, yo era indeciso, temeroso, inquieto, peor preparado que tú y, sin embargo, estoy aquí. Si, cuando tenia tu edad, alguien me hubiera dicho que, cumplidos los 29 años, mis ingresos mensuales iban a triplicar los de los directores generales de agencias como Young & Rubicam, Lintas, Ogilvy o Delvico, habría pensado que se trataba simplemente de un sueño maravilloso. Sin embargo, es así, como lo es llevar dieciséis años felices junto a mi pareja, vivir en una casa que yo mismo dibujé en un papel, haber viajado a más de veinte países y ahora también, haberte conocido.

No lo tengo todo.

Cuando conocí a mi actual mujer sabia que ella padecía un proceso de ceguera incurable. También sabía que ello me impediría tener un hijo, porque nacería ciego. Sin embargo el día que decidí compartir mi vida con mi pareja sabía que estaba renunciando a esa posibilidad. Ahora es un sueño imposible, pero nadie puede arrebatarme el sueño y nos dedicamos a verlo todo, todo, antes de que sea demasiado tarde.

No temas arriesgarte.

Si no te arriesgas, no puedes aprender, ni sentir, ni amar, ni vivir.

No esperes nada y cada sorpresa será un regalo. Y sobre todo, confía en ti, incluso cuando creas que la vida se te viene encima.

En esos momentos, tal como leí en un libro, recuerda que, cuando te encuentres en un lugar difícil y todo se vuelva contra ti hasta que parezca que ya no puedes resistirlo ni un minuto más, no abandones, porque ése es precisamente el sitio y el momento en que cambiará tu suerte.

Hasta siempre. Javier.

CON EL PRIMER CAFE

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Un comentario de “No temas arriesgar.

  1. Begoña Ruiz Palacios dice:

    Maravillosa carta, suponfo q en su momento te haría subir al cielo, q suerto conocer a gente con esta sensibilidad.

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